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Aguas turquesas y pinares sobre una cala escondida de la Costa Brava

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Las mejores playas de la Costa Brava

25 de noviembre de 2025 · 10 min de lectura

La Costa Brava es, sin duda, una de las costas más fascinantes del Mediterráneo. A lo largo de sus aproximadamente 214 km —desde Blanes hasta Portbou— se despliega un paisaje de acantilados escarpados cubiertos de pinos, pueblos pesqueros llenos de carácter y calas que conservan un aire casi intocado por el tiempo. En este litoral de contrastes, donde la roca se funde con el azul del mar, cada playa tiene una identidad propia: algunas resultan cómodas y accesibles, perfectas para ir en familia, mientras que otras requieren un pequeño esfuerzo de acceso que queda más que recompensado con vistas inolvidables. A continuación, te invitamos a recorrer una selección de playas de la Costa Brava que combinan belleza natural, serenidad, historia y ese encanto mediterráneo tan auténtico.

Cala Estreta (Palamós): el lujo de no tener prisa

Cala Estreta es la definición de cala salvaje en la Costa Brava. Para llegar no hay parking a pie de arena: hay que dejar el coche en la playa de Castell y seguir el camino de ronda unos 20–25 minutos entre pinos, rocas y el mar siempre al lado. Ese pequeño “esfuerzo” hace que, incluso en pleno verano, el ambiente siga siendo tranquilo y muy distinto al de las playas urbanas.

La cala es estrecha, como indica su nombre, con arena mezclada con rocas y un agua tan transparente que las embarcaciones de recreo la eligen a menudo para fondear. No hay chiringuitos, duchas ni servicios: aquí vienes a escuchar las olas, a hacer snorkel entre las rocas y a olvidarte del reloj. Es también un clásico para quienes practican nudismo, así que el ambiente suele ser relajado y muy respetuoso.

Platja Fonda (Begur): una cala oscura y silenciosa bajo los acantilados

Oculta bajo la urbanización de Fornells, Platja Fonda es una de las calas más singulares de Begur. Para verla hay que comprometerse: un buen tramo de escaleras te lleva desde la parte alta del acantilado hasta un rincón encajado entre paredes de roca y pinares, donde el mar parece hablar en voz baja.

En lugar de arena dorada, aquí encontrarás una mezcla de arena gruesa y grava de tonos oscuros, que contrasta con el azul intenso del agua y refuerza ese aire misterioso y poco urbano. No hay chiringuitos ni grandes servicios, pero precisamente por eso sigue siendo una de las calas más tranquilas del litoral de Begur. Es perfecta para quien busca silencio, sombra durante parte del día y un paisaje casi teatral. Eso sí, las piernas notan las escaleras a la subida.

Cala Taballera (Cadaqués / Cap de Creus): la recompensa tras la caminata

Cala Taballera no es una cala a la que “se pasa un momento”; es un destino en sí mismo. Está dentro del Parc Natural del Cap de Creus y para llegar desde Cadaqués o El Port de la Selva hay que seguir senderos que suben y bajan entre colinas, muretes de piedra seca y vegetación mediterránea.

Cuando por fin aparece, Taballera se abre como un anfiteatro natural: una curva amplia de mezcla de arena gruesa y grava, rodeada de relieve abrupto y con una bahía muy protegida, donde el mar suele estar sorprendentemente calmo. No hay paseos marítimos, ni bares, ni sombrillas alineadas. Sólo mar, viento y, a veces, algún velero fondeado frente a la orilla. Es una cala ideal para senderistas y amantes de la sensación de “fin del mundo”, siempre que se respete el entorno y se lleve todo lo necesario: agua, algo de sombra y calzado cómodo.

Cala Sa Cova (Platja d’Aro): un escondite íntimo junto al bullicio

Muy cerca del animado centro de Platja d’Aro, Cala Sa Cova parece pertenecer a otra costa. Es una cala pequeña, de unos 50–55 metros de largo, situada justo bajo un acantilado y rodeada de pinos que se asoman al mar. El acceso se hace a través del camino de ronda desde Cala Rovira, y el propio trayecto ya es parte de la experiencia, con túneles excavados en la roca que conectan pequeñas calas vecinas.

La arena es gruesa, el fondo cae poco a poco y el agua se mantiene limpia y clara, perfecta para nadar o hacer snorkel pegado a las rocas. No encontrarás grandes servicios, pero sí la sensación de estar en un pequeño anfiteatro natural frente al mar. En temporada alta se llena rápido, así que lo mejor es madrugar y disfrutar de las primeras horas del día, cuando la cala aún está en silencio.

Cala S’Alguer (Palamós): una postal viva de la Costa Brava marinera

Más que una playa al uso, Cala S’Alguer es un pequeño escenario donde el tiempo parece detenido. La orilla es de piedras, el agua clara y delante se alinean casitas de pescadores encaladas con puertas de colores, declaradas Bien Cultural de Interés Nacional por su valor histórico y paisajístico.

Se llega caminando, normalmente desde la playa de Castell o por el camino de ronda, y al acercarte empiezas a ver barcas varadas, cuerdas, redes y detalles que recuerdan al pasado pesquero de la zona. No es la cala más cómoda para tumbarse horas y horas, pero sí una de las más fotogénicas y auténticas de toda la Costa Brava. Ideal para una pausa larga, un baño rápido y un rato de contemplación: los pinos llegan casi hasta el agua y el conjunto entero parece sacado de una película antigua.

Cala Aiguablava (Begur): el “caribe” de la Costa Brava

Aiguablava es probablemente la cala más famosa de Begur, y no es casualidad. La combinación de arena muy fina, un arenal ancho y corto y unas aguas de un turquesa intenso crean un paisaje que recuerda a algunas calas de las Baleares. El entorno está protegido por pequeñas laderas verdes y eso hace que el mar, por lo general, sea tranquilo y poco profundo, ideal para familias con niños o para quienes se sienten más seguros tocando fondo.

A diferencia de otras calas salvajes, aquí sí hay bastantes servicios: duchas y baños adaptados, chiringuito, socorristas, centro de buceo e incluso parking justo al lado de la playa (de pago en verano). Eso significa también que en plena temporada la ocupación es alta y conviene madrugar o visitarla fuera de julio y agosto. Aiguablava funciona muy bien como base para pasar el día completo: baño, snorkel, algo de kayak y, después, comida con vistas al mar.

Una cala de Begur de aguas turquesas y transparentes, con un pequeño embarcadero de piedra y pinos sobre la orilla
Una cala de Begur, del color que le da fama a este tramo de costa.

Cala de Rosamar (Santa Cristina d’Aro): curvas, pinos y calas familiares

La zona de Rosamar, entre Sant Feliu de Guíxols y Tossa de Mar, es un pequeño mundo aparte. Para llegar hay que tomar una carretera de curvas que se va pegando al acantilado hasta la urbanización, rodeada de bosque mediterráneo. Abajo, el premio: un conjunto de calas pequeñas y muy fotogénicas, con roca rojiza, pinos inclinados sobre el agua y ese ambiente de refugio escondido tan típico de la Costa Brava.

En este tramo encontrarás playas como Cala Canyet, con su famosa pasarela de piedra sobre el mar, que se ha hecho conocida como uno de los rincones “secretos” del Baix Empordà. Son calas donde suele haber servicios básicos en verano y un ambiente familiar, pero sin la masificación de los grandes núcleos turísticos. Perfectas para pasar el día con niños, alternando chapuzones, snorkel entre las rocas y ratos de sombra bajo los pinos antes de emprender de nuevo la carretera de curvas de vuelta.

La Costa Brava, un paraíso para descubrir a pie y sin prisa

Explorar las playas y calas de la Costa Brava va más allá de una escapada de verano: es una invitación a conectar con la naturaleza, la cultura y el mar. El sendero conocido como Camí de Ronda bordea buena parte del litoral y permite enlazar muchas de estas joyas paseando entre acantilados, miradores y pinares.

Cada tramo ofrece una nueva perspectiva: playas escondidas, antiguas torres de vigilancia que miraban al mar, miradores naturales y el aroma inconfundible de la brisa salada mezclada con el pino y la roca.

Quien visita la Costa Brava fuera de la temporada alta descubre una cara distinta del litoral: tranquila, luminosa y perfecta para disfrutar del paisaje sin prisas. En primavera y otoño, el mar aún mantiene una temperatura agradable y las calas se tiñen de una luz suave que invita a la contemplación.

Una cala tranquila de la Costa Brava enmarcada por vegetación, con barcas fondeadas y acantilados al fondo
Una cala tranquila de la Costa Brava, lejos del bullicio.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la mejor época para visitar la Costa Brava para disfrutar de las calas tranquilas?

La temporada alta (julio-agosto) es la más concurrida, así que para evitar aglomeraciones lo ideal es ir en mayo, junio o septiembre. En estos meses el clima sigue siendo agradable, el mar apto para el baño, pero con menos turistas.

¿Cómo se llega a las calas menos accesibles, como Cala Estreta o Cala Taballera?

Caminando, y ese es justamente el filtro que las mantiene tranquilas. A Cala Estreta se llega dejando el coche en la playa de Castell y siguiendo el camí de ronda unos 20 o 25 minutos entre pinos y roca. Cala Taballera pide más: está dentro del Parc Natural del Cap de Creus y se alcanza por senderos desde Cadaqués o El Port de la Selva. En ambos casos, calzado cerrado y agua desde el inicio, porque abajo no hay dónde comprarla.

¿Qué servicios tienen estas calas escondidas?

Casi ninguno, y conviene saberlo antes de bajar. Cala Estreta, Platja Fonda y Cala Taballera no tienen chiringuito, ni duchas, ni socorrista, ni sombrillas de alquiler. Lo que lleves es lo que tendrás: agua, comida, protección solar y una bolsa para volver con tus residuos. A cambio te llevas silencio, que es exactamente lo que has venido a buscar.

¿Estas playas son aptas para familias con niños?

Algunas sí y otras claramente no. Cala Aiguablava es la más cómoda de esta lista: arena fina, fondo que baja poco a poco, duchas, baños adaptados, socorristas y parking al lado. Las calas de Rosamar, como Cala Canyet, también funcionan bien en familia. En cambio Platja Fonda obliga a bajar —y luego subir— un buen tramo de escaleras con todo a cuestas, y Cala Estreta tiene fondo de roca y ningún servicio.

¿Hace falta madrugar para aparcar?

En julio y agosto, sí. El aparcamiento junto a las calas es escaso y en Aiguablava es de pago en verano. La regla que funciona en toda la Costa Brava es la misma: llegar antes de las diez o después de las seis. A media tarde no solo encontrarás sitio, también la mejor luz del día. Y si puedes elegir, mayo, junio o septiembre te ahorran el problema entero.

¿Se puede hacer snorkel en estas calas?

Es uno de los motivos para venir. Cala Estreta y Cala Sa Cova tienen agua transparente y fondos de roca pegados a la orilla, que es donde está la vida. Lleva máscara y, si el fondo es rocoso, escarpines. Una petición: no toques la posidonia. Esas praderas submarinas son las que mantienen el agua así de clara, y tardan siglos en recuperarse.

¿Qué hago si la cala está llena?

Casi siempre hay una alternativa a diez minutos a pie. El camí de ronda enlaza calas pequeñas que la mayoría de gente no busca porque no tienen aparcamiento propio: sigue el sendero un tramo más y suele aparecer un hueco. La otra opción es cambiar la hora en vez del sitio —a primera hora o al atardecer, la misma cala es otra— o verla desde el mar, en kayak o en barco.

¿Se puede recorrer la Costa Brava sin coche?

A medias, y conviene ser honesto. Los núcleos grandes están bien conectados por autobús, pero muchas de las calas de esta lista no tienen transporte público que llegue hasta ellas: el acceso es a pie por el camí de ronda. La combinación que mejor funciona es alojarse en un pueblo costero y usar el sendero como si fuera la carretera. Para el Cap de Creus, en cambio, el coche es prácticamente imprescindible.

¿Hay normas que conviene conocer sobre nudismo, mascotas o drones?

Cala Estreta es un clásico del nudismo y el ambiente es relajado y respetuoso. Con perros y drones hay que ir con más cuidado: cada municipio tiene su propia normativa y cambia entre verano e invierno, así que lo sensato es consultar la web del ayuntamiento correspondiente —Palamós, Begur, Cadaqués— antes de ir. En los espacios protegidos, como el Cap de Creus, las restricciones son mayores.

¿Qué conviene llevar a una cala sin servicios?

Agua —más de la que crees—, algo de comer, protección solar, gorra y una toalla. Calzado cerrado para el camino y escarpines si vas a bañarte entre rocas. Máscara de snorkel si te apetece mirar hacia abajo. Y una bolsa para la basura: en estas calas no hay papeleras, y lo que no te llevas se queda.