PuraCostaBrava
Bahía de Tossa de Mar con barcas fondeadas, vista desde un portal de piedra de la Vila Vella

La Selva

Tossa de Mar

Tossa de Mar es el único pueblo de toda la costa catalana que conserva intacto su recinto amurallado medieval. De día parece un monumento: calles empedradas, cámaras de fotos y visitantes recorriendo las torres. Pero basta esperar a que caiga la tarde para descubrir su verdadera personalidad: cuando se marchan los excursionistas, la Vila Vella recupera el silencio, las murallas vuelven a ser piedra, las gaviotas sustituyen al ruido y el Mediterráneo cambia de color bajo el castillo. Es entonces cuando se entiende por qué Marc Chagall la llamó su «paraíso azul». Pero Tossa es mucho más que sus murallas: detrás del icono turístico sobreviven un antiguo barrio de pescadores, calas escondidas, piscinas naturales entre las rocas y una tradición marinera que todavía se sirve en sus mesas.

La Vila Vella

No existe otro lugar igual en la costa catalana. Construida entre los siglos XII y XIV, la Vila Vella es el único recinto medieval fortificado que ha llegado completo hasta nuestros días. Se recorre sin entradas ni horarios, perdiéndose entre calles de piedra, antiguas casas de pescadores y torres que miran al Mediterráneo.

Nuestro consejo es sencillo: no subas a mediodía. Hazlo al atardecer, cuando la mayoría de visitantes ya se ha marchado y las murallas recuperan la calma.

Calle empedrada en cuesta de la Vila Vella de Tossa de Mar, entre casas de piedra y una terraza cubierta de glicinias
Las calles empedradas de la Vila Vella.

Chagall y el «paraíso azul»

En 1933 Marc Chagall llegó a Tossa buscando tranquilidad para pintar. Encontró mucho más que eso: quedó tan fascinado por el pueblo que lo bautizó como su «paraíso azul», una expresión que todavía hoy identifica a Tossa.

Antes de marcharse donó al museo municipal su obra El Violinista Celeste, convirtiéndolo en el primer museo español en exponer arte contemporáneo internacional.

Ava Gardner y Hollywood

Mucho antes de que la Costa Brava se convirtiera en un destino turístico internacional, Hollywood ya había descubierto Tossa. En 1951 Ava Gardner llegó para rodar Pandora y el holandés errante.

Aquella película proyectó el nombre del pueblo por todo el mundo y todavía hoy una escultura de la actriz, situada junto al camino del faro, recuerda aquel momento.

El faro

En el punto más alto de la Vila Vella se alza el faro de Tossa. La subida apenas lleva unos minutos y recompensa con una de las panorámicas más bonitas de la Costa Brava: las murallas, la Platja Gran y el Mediterráneo extendiéndose en ambas direcciones.

El faro de Tossa de Mar sobre el promontorio boscoso, entre pinos y acantilados, bajo un cielo encapotado
El faro, en lo alto del promontorio, sobre el mar.

Las mejores playas y calas

Son las dos playas urbanas de Tossa. La Platja Gran ofrece la clásica imagen de la muralla junto al mar, mientras que la Mar Menuda, al otro lado del promontorio, suele ser más tranquila y es uno de los mejores lugares del pueblo para practicar esnórquel.

A pocos kilómetros del centro aparecen Cala Giverola y Cala Pola, dos de las calas más bonitas de la Costa Brava. Rodeadas de pinares y acantilados, ambas conservan aguas transparentes y un paisaje mucho más salvaje que el del núcleo urbano.

Una playa de Tossa de Mar al atardecer, con las rocas puntiagudas y un pino solitario recortados sobre el mar
Las calas de Tossa, a la caída de la tarde.

Rincones que casi nunca aparecen en las guías

La mayoría de visitantes atraviesa directamente la puerta de la Vila Vella. Sin embargo, justo debajo de las murallas se encuentra Sa Roqueta, el antiguo barrio de pescadores: calles estrechas, fachadas encaladas, escaleras de piedra y un ritmo mucho más tranquilo hacen de este rincón uno de los que tienen más encanto de Tossa.

En un extremo de la Mar Menuda se esconde la Banyera de ses Dones, una pequeña piscina natural protegida por las rocas. La tradición cuenta que aquí se bañaban antiguamente las mujeres del pueblo mientras los hombres lo hacían en la Platja Gran. Hoy sigue siendo uno de los mejores lugares para hacer esnórquel gracias a la claridad del agua y la abundancia de peces.

Todo el mundo fotografía Es Codolar desde las murallas. Muy pocos bajan antes de las nueve de la mañana: cuando el pueblo todavía duerme y el sol empieza a iluminar las piedras de la Vila Vella, esta pequeña playa muestra probablemente la imagen más auténtica de Tossa.

Más que un plato típico, el Cim i Tomba es parte de la identidad del pueblo. Este guiso de pescado de roca, patatas y allioli nació en las barcas de los pescadores y sigue siendo la receta más representativa de Tossa. Si visitas el pueblo, merece la pena probarlo al menos una vez.

El cuaderno de Tossa de Mar

Dónde vamos nosotros

Tossa reúne algunas de las mejores mesas de la Costa Brava. Desde restaurantes gastronómicos hasta casas marineras, todos comparten una misma filosofía: producto local, pescado fresco y cocina mediterránea. Esta es la lista corta.

Posiciones aproximadas · Tossa de Mar · Cartografía © colaboradores de OpenStreetMap, teselas de OpenFreeMap

Toca un punto o un sitio de la lista para acercarte

Para comer

  • La gran referencia gastronómica del pueblo. Ubicado en una antigua casa de pescadores dentro de la Vila Vella, ofrece una cocina de autor profundamente ligada al Mediterráneo.

  • Una de las propuestas más elegantes de Tossa. Cocina mediterránea contemporánea basada en producto de temporada y excelente tratamiento del pescado y el marisco.

  • Un clásico situado junto a las murallas. Muy conocido por sus arroces, pescados y recetas tradicionales en una de las ubicaciones más bonitas del casco histórico.

  • Una apuesta segura para disfrutar de pescado fresco y cocina mediterránea a pocos metros de la playa. Un restaurante de toda la vida.

  • Una propuesta más actual donde compartir tapas, producto de proximidad y cocina creativa en un ambiente relajado.

  • Otro de los históricos del pueblo. Su especialidad son los pescados, mariscos y arroces elaborados con producto de las lonjas de la Costa Brava.

  • El Cim i Tomba

    No es un restaurante, es el plato: guiso de pescado de roca, patatas y allioli, nacido en las barcas de los pescadores. Pregunta por él en las casas marineras del pueblo.

    Sin punto fijo

Calas y baño

  • Entre acantilados y pinos, con el camping detrás. De las más bonitas del municipio.

  • A unos 5 km del centro, encajada entre acantilados. Vale el trayecto.

  • En el propio pueblo, al otro lado del promontorio: la de toda la vida para un baño rápido, y de las mejores para esnórquel.

  • Una pequeña piscina natural en un extremo de la Mar Menuda. Agua clarísima y muchos peces: uno de los mejores rincones para el esnórquel.

  • La playa que todo el mundo fotografía desde las murallas. Baja antes de las nueve de la mañana para verla de verdad, sin nadie.

Qué hacer

  • El único recinto medieval amurallado que se conserva entero en la costa catalana. Sube cuando se vacía, no a mediodía.

  • Corta subida al punto más alto del promontorio, con la mejor vista del pueblo y el homenaje a la actriz mirando al mar.

  • El primer museo de España que expuso arte contemporáneo extranjero. Dentro, el Chagall que el pintor donó al pueblo.

  • Justo debajo de las murallas, el antiguo barrio de pescadores. Calles estrechas y fachadas encaladas, con un ritmo mucho más tranquilo que el resto del pueblo.

Lo práctico

Preguntas frecuentes

¿Qué hace única a la Vila Vella de Tossa de Mar?

Es el único recinto medieval amurallado que se conserva íntegro en toda la costa catalana. Sus murallas, torres y calles empedradas forman uno de los conjuntos históricos mejor conservados del Mediterráneo.

¿Por qué Marc Chagall llamó a Tossa el «paraíso azul»?

Porque pasó aquí una temporada en los años treinta y quedó fascinado por la luz, el paisaje y la tranquilidad del pueblo. Antes de marcharse donó una de sus obras al museo municipal.

¿Qué calas no me puedo perder?

Además de la Platja Gran y la Mar Menuda, las más recomendables son Cala Giverola, Cala Pola y la pequeña Banyera de ses Dones, perfecta para hacer esnórquel.

¿Cuál es el plato típico de Tossa de Mar?

El Cim i Tomba, un guiso tradicional de pescado de roca, patatas y allioli que preparaban antiguamente los pescadores y que hoy sigue siendo el plato más representativo de la gastronomía local.

Otros pueblos para descubrir

Una cala de Begur de agua turquesa, entre acantilados de roca rojiza y pinos, con una barca fondeada

Baix Empordà

Begur

Begur está un poco tierra adentro, y ese detalle explica casi todo. No es un pueblo construido junto al agua, sino sobre una colina desde la que se domina el Mediterráneo: mientras otros pueblos de la Costa Brava nacieron alrededor de un puerto, Begur lo hizo alrededor de un castillo, y las calas llegaron después. Por eso aquí nadie pregunta cuál es la playa del pueblo, sino a cuál se baja hoy: Sa Tuna, Sa Riera, Aiguablava, Platja Fonda, Fornells, Aiguafreda o Illa Roja forman un rosario de pequeñas bahías unidas por el Camí de Ronda, cada una con su propio carácter. Y detrás de todas ellas queda un casco histórico de casas indianas, plazas tranquilas y calles empedradas que recuerdan que, antes de convertirse en uno de los destinos más deseados de la Costa Brava, Begur fue un pueblo que miraba más hacia Cuba que hacia Barcelona.

El paseo marítimo de Cadaqués junto al agua, con las casas blancas y los tejados de teja del casco antiguo y la costa del Cap de Creus al fondo

Alt Empordà

Cadaqués

Cadaqués es el pueblo más fotografiado de la Costa Brava y, probablemente, el más difícil de conocer de verdad. Las casas blancas, las contraventanas verdes, las barcas varadas frente al mar y la luz que fascinó a Dalí aparecen en todas las postales, pero ninguna consigue explicar por qué tanta gente termina volviendo. Quizá tenga que ver con la carretera de curvas que durante siglos lo mantuvo aislado del resto del Empordà, o con esa luz que cambia a cada hora y convierte el pueblo en algo distinto por la mañana, al mediodía o cuando cae la tarde. Aquí no se viene buscando grandes playas de arena ni un paseo marítimo lleno de tiendas: se viene a caminar despacio, a perderse por calles de pizarra, a mirar el mar desde las rocas y a entender por qué este rincón acabó reuniendo a algunos de los artistas más importantes del siglo XX.

El pueblo blanco de Calella de Palafrugell y su cala bajo un cielo encapotado al atardecer, con el mar turquesa y las rocas en primer término

Baix Empordà

Calella de Palafrugell

Calella de Palafrugell es probablemente la imagen más reconocible de la Costa Brava. Las casas blancas, les Voltes de Port Bo, las barcas varadas sobre la arena y el Mediterráneo formando parte de la vida del pueblo aparecen en miles de fotografías cada verano. Y, sin embargo, esa postal solo cuenta una parte de la historia: la verdadera Calella aparece cuando uno se aleja unos metros del paseo principal, recorre el Camí de Ronda sin prisa o vuelve al caer la tarde, cuando las terrazas empiezan a vaciarse y el pueblo recupera el ritmo tranquilo que siempre tuvo. Porque antes de convertirse en uno de los grandes iconos del Mediterráneo, Calella fue —y sigue siendo— un pueblo de pescadores.