PuraCostaBrava
El pueblo blanco de Calella de Palafrugell y su cala bajo un cielo encapotado al atardecer, con el mar turquesa y las rocas en primer término

Baix Empordà

Calella de Palafrugell

Calella de Palafrugell es probablemente la imagen más reconocible de la Costa Brava. Las casas blancas, les Voltes de Port Bo, las barcas varadas sobre la arena y el Mediterráneo formando parte de la vida del pueblo aparecen en miles de fotografías cada verano. Y, sin embargo, esa postal solo cuenta una parte de la historia: la verdadera Calella aparece cuando uno se aleja unos metros del paseo principal, recorre el Camí de Ronda sin prisa o vuelve al caer la tarde, cuando las terrazas empiezan a vaciarse y el pueblo recupera el ritmo tranquilo que siempre tuvo. Porque antes de convertirse en uno de los grandes iconos del Mediterráneo, Calella fue —y sigue siendo— un pueblo de pescadores.

Port Bo y les Voltes

No hay una imagen más reconocible de la Costa Brava. Los arcos blancos de les Voltes, construidos para proteger las barcas y los aparejos del sol, se abren directamente sobre la playa de Port Bo y forman uno de los conjuntos más bonitos del Mediterráneo.

Nuestro consejo es sencillo: vuelve por la noche. Cuando desaparece la mayoría de visitantes y solo queda el sonido del mar, les Voltes recuperan el ambiente para el que fueron construidas hace siglos.

Las voltes blancas de Port Bo abiertas sobre la playa de Calella de Palafrugell, con una barca de pesca varada en la arena
Les Voltes de Port Bo, el porche blanco del pueblo abierto directamente sobre el mar.

La Cantada d'Havaneres

Cada primer sábado de julio, Port Bo se transforma. Miles de personas se reúnen frente al mar para escuchar las tradicionales havaneres mientras el ron cremat pasa de mano en mano. No es un espectáculo pensado para turistas: es una de las tradiciones marineras más importantes de Cataluña y una de las noches con más personalidad de toda la Costa Brava.

Si quieres asistir, llega con varias horas de antelación.

Barcas de pesca varadas en la arena de Port Bo, con la bandera catalana ondeando y el pueblo blanco de Calella al fondo
Port Bo, escenario de la Cantada d'Havaneres el primer sábado de julio.

Los Jardins de Cap Roig

Al sur del pueblo se extiende uno de los jardines botánicos más espectaculares del Mediterráneo. Más de 800 especies vegetales conviven alrededor del castillo de Cap Roig, suspendido sobre los acantilados.

Durante el verano acoge el Festival de Cap Roig, pero si buscas tranquilidad merece la pena visitarlo fuera de esas fechas.

El Camí de Ronda

Pocos pueblos permiten caminar junto al mar como Calella. Hacia el norte, el sendero conecta con Llafranc y Tamariu; hacia el sur conduce hasta El Golfet, Cap Roig y algunas de las calas más salvajes del Baix Empordà. Es una de esas rutas que no necesitan planificación: basta seguir el mar.

La costa de Calella de Palafrugell desde el camí de ronda, con agua turquesa, rocas y casas blancas asomadas al mar
El Camí de Ronda que enlaza Calella con Llafranc, bordeando el mar.

Las mejores playas y calas

Aunque Port Bo se lleva todas las fotografías, muchos vecinos prefieren la playa del Canadell. Es más tranquila, conserva el ambiente marinero del pueblo y al amanecer ofrece una de las imágenes más bonitas de Calella: las barcas todavía descansando sobre la arena mientras el pueblo empieza a despertar.

El Golfet es la última gran cala de Calella antes de llegar a Cap Roig. Rodeada de acantilados rojizos y pinos mediterráneos, conserva un carácter mucho más natural que las playas del centro, y es también el punto de partida para continuar caminando hacia la Roca del Crit o la Banyera de la Russa.

Rincones que casi nunca aparecen en las guías

Bajo muchas de las casas del paseo marítimo todavía sobreviven los antiguos guardabotes, donde los pescadores guardaban sus embarcaciones y redes. Es uno de esos detalles que muchos visitantes pasan por alto, pero que explica perfectamente cómo era Calella antes de convertirse en destino turístico.

A pocos minutos caminando desde Cap Roig se esconde uno de los lugares más curiosos de esta costa. La oficialmente llamada Cala d'en Massoni recibe el nombre popular de la Banyera de la Russa porque Dorothy Webster, una de las creadoras de Cap Roig, bajaba hasta aquí para bañarse. El agua suele ser extraordinariamente tranquila y el entorno permanece mucho menos concurrido que las playas principales.

Si continúas por el Camí de Ronda más allá de Cap Roig llegarás a la Roca del Crit, un rincón asociado a una antigua leyenda de piratas. La caminata merece tanto la pena como el destino: acantilados, pinares y algunas de las vistas más salvajes de esta parte de la Costa Brava.

No te quedes solo en Port Bo. Recorre despacio el paseo que une Canadell, Port d'en Calau, Port Bo y Port Pelegrí. Son apenas unos minutos caminando, pero ahí aparece la Calella más auténtica: pequeñas escaleras que desembocan en el agua, fachadas cubiertas de buganvillas, antiguas casas de pescadores y rincones donde el tiempo parece haberse detenido.

El cuaderno de Calella de Palafrugell

Dónde vamos nosotros

Calella concentra algunas de las mejores terrazas de la Costa Brava. Esta es nuestra selección, entre clásicos del pueblo y direcciones más actuales, para disfrutar lejos del mediodía de agosto.

Posiciones aproximadas · Calella de Palafrugell · Cartografía © colaboradores de OpenStreetMap, teselas de OpenFreeMap

Toca un punto o un sitio de la lista para acercarte

Para comer

  • Un clásico absoluto situado literalmente sobre la arena del Canadell. Cocina mediterránea, pescado fresco y una de las terrazas más privilegiadas de toda la costa.

  • Una de esas mesas que muchos visitantes descubren por casualidad y a la que después siempre vuelven. Cocina mediterránea basada en producto local y un ambiente tranquilo.

  • Un restaurante elegante donde el protagonismo lo tienen el pescado, el marisco y la cocina de temporada. Perfecto para una comida larga o una cena especial.

  • Ideal para desayunar, tomar un aperitivo o cenar frente al mar. Su terraza sobre Port Bo es uno de los mejores lugares para ver caer la tarde.

  • Una de las propuestas más interesantes de los últimos años. Cocina mediterránea contemporánea en un espacio desenfadado junto al paseo marítimo.

Calas y baño

  • Más tranquila que Port Bo, conserva el ambiente marinero del pueblo. Al amanecer, las barcas todavía descansan sobre la arena mientras Calella empieza a despertar.

  • Camino de Cap Roig, al pie de sus jardines. Pequeña, de arena oscura y roca, con un carácter mucho más natural que las playas del centro.

Qué hacer

  • La Cantada d'Havaneres

    Primer sábado de julio, en Port Bo. El acontecimiento del año: llega con horas de margen.

    Sin punto fijo
  • 800 especies botánicas sobre el mar. Mejor fuera de las fechas del festival, si buscas calma.

  • El Camí de Ronda a Llafranc y Tamariu

    El sendero que encadena los tres núcleos de Palafrugell bordeando el mar.

    Sin punto fijo
  • A pocos minutos de Cap Roig. La antigua Cala d'en Massoni, bautizada así porque una de las creadoras de los jardines bajaba a bañarse aquí. Agua tranquila y poca gente.

  • La Roca del Crit

    Más allá de Cap Roig por el Camí de Ronda, un rincón de leyenda pirata. La caminata merece tanto la pena como el destino.

    Sin punto fijo

Para llevarse

  • Gelats Artesans

    El final perfecto para cualquier paseo por Calella. Sus helados artesanos son parada casi obligatoria antes de sentarse frente al mar a disfrutar de la última luz del día.

    Sin punto fijo

Lo práctico

Preguntas frecuentes

¿Qué son les Voltes de Port Bo?

Son los característicos soportales blancos construidos junto a la playa para proteger las barcas y los aparejos de pesca. Hoy son la imagen más reconocible de Calella de Palafrugell.

¿Cuándo se celebra la Cantada d'Havaneres?

El primer sábado de julio. Es uno de los acontecimientos culturales más importantes de la Costa Brava y reúne a miles de personas frente a la playa de Port Bo.

¿Qué no me puedo perder cerca de Calella?

Además de los Jardins de Cap Roig, merece la pena recorrer el Camí de Ronda hasta El Golfet, descubrir la Banyera de la Russa y caminar hacia la Roca del Crit, uno de los tramos más bonitos del litoral del Baix Empordà.

¿Cuál es el mejor momento para visitar Calella de Palafrugell?

A primera hora de la mañana o al caer la tarde. Son los momentos en los que el pueblo recupera la tranquilidad y resulta más fácil entender por qué sigue siendo uno de los lugares más especiales de toda la Costa Brava.

Otros pueblos para descubrir

Una cala de Begur de agua turquesa, entre acantilados de roca rojiza y pinos, con una barca fondeada

Baix Empordà

Begur

Begur está un poco tierra adentro, y ese detalle explica casi todo. No es un pueblo construido junto al agua, sino sobre una colina desde la que se domina el Mediterráneo: mientras otros pueblos de la Costa Brava nacieron alrededor de un puerto, Begur lo hizo alrededor de un castillo, y las calas llegaron después. Por eso aquí nadie pregunta cuál es la playa del pueblo, sino a cuál se baja hoy: Sa Tuna, Sa Riera, Aiguablava, Platja Fonda, Fornells, Aiguafreda o Illa Roja forman un rosario de pequeñas bahías unidas por el Camí de Ronda, cada una con su propio carácter. Y detrás de todas ellas queda un casco histórico de casas indianas, plazas tranquilas y calles empedradas que recuerdan que, antes de convertirse en uno de los destinos más deseados de la Costa Brava, Begur fue un pueblo que miraba más hacia Cuba que hacia Barcelona.

El paseo marítimo de Cadaqués junto al agua, con las casas blancas y los tejados de teja del casco antiguo y la costa del Cap de Creus al fondo

Alt Empordà

Cadaqués

Cadaqués es el pueblo más fotografiado de la Costa Brava y, probablemente, el más difícil de conocer de verdad. Las casas blancas, las contraventanas verdes, las barcas varadas frente al mar y la luz que fascinó a Dalí aparecen en todas las postales, pero ninguna consigue explicar por qué tanta gente termina volviendo. Quizá tenga que ver con la carretera de curvas que durante siglos lo mantuvo aislado del resto del Empordà, o con esa luz que cambia a cada hora y convierte el pueblo en algo distinto por la mañana, al mediodía o cuando cae la tarde. Aquí no se viene buscando grandes playas de arena ni un paseo marítimo lleno de tiendas: se viene a caminar despacio, a perderse por calles de pizarra, a mirar el mar desde las rocas y a entender por qué este rincón acabó reuniendo a algunos de los artistas más importantes del siglo XX.

Canales navegables de Empuriabrava, Costa Brava

Alt Empordà

Empuriabrava

Empuriabrava no se parece a ningún otro lugar de la Costa Brava, y tampoco intenta hacerlo. Mientras el resto de pueblos crecieron poco a poco alrededor de un puerto pesquero, aquí todo empezó sobre un plano: a finales de los años sesenta se transformaron las antiguas marismas de la desembocadura del Muga en una ciudad construida alrededor del agua, con más de 24 kilómetros de canales navegables, miles de amarres privados y la marina residencial más grande de Europa. Podría parecer un lugar artificial, pero basta pasar un día aquí para entender su encanto: donde otros aparcan el coche, aquí amarran el barco. Mientras una parte del pueblo vive mirando los canales, a pocos metros empiezan els Aiguamolls de l'Empordà, un paisaje de humedales donde vuelan flamencos, garzas y cigüeñas. Pocas veces la ingeniería y la naturaleza conviven de una manera tan inesperada.