PuraCostaBrava
Canales navegables de Empuriabrava, Costa Brava

Alt Empordà

Empuriabrava

Empuriabrava no se parece a ningún otro lugar de la Costa Brava, y tampoco intenta hacerlo. Mientras el resto de pueblos crecieron poco a poco alrededor de un puerto pesquero, aquí todo empezó sobre un plano: a finales de los años sesenta se transformaron las antiguas marismas de la desembocadura del Muga en una ciudad construida alrededor del agua, con más de 24 kilómetros de canales navegables, miles de amarres privados y la marina residencial más grande de Europa. Podría parecer un lugar artificial, pero basta pasar un día aquí para entender su encanto: donde otros aparcan el coche, aquí amarran el barco. Mientras una parte del pueblo vive mirando los canales, a pocos metros empiezan els Aiguamolls de l'Empordà, un paisaje de humedales donde vuelan flamencos, garzas y cigüeñas. Pocas veces la ingeniería y la naturaleza conviven de una manera tan inesperada.

Los canales: el verdadero corazón de Empuriabrava

La mejor manera de conocer Empuriabrava no es caminando, sino navegando. Se pueden alquilar pequeñas embarcaciones sin necesidad de licencia y recorrer los canales a tu ritmo. Desde el agua aparecen villas con embarcaderos privados, jardines que terminan en un pantalán y puentes que conectan barrios donde el barco forma parte de la vida cotidiana.

Nuestro consejo es hacerlo temprano: a primera hora apenas hay tráfico náutico, el agua refleja las casas como un espejo y Empuriabrava muestra su lado más tranquilo. Incluso sin navegar merece la pena perderse por los puentes interiores. La mayoría de visitantes se queda en el paseo marítimo, pero el verdadero carácter del pueblo aparece lejos de la playa, entre canales silenciosos donde casi solo caminan los vecinos.

Un canal de Empuriabrava al atardecer, con barcas amarradas a la puerta de las casas, palmeras y el cielo rosado reflejado en el agua quieta
Casas con amarre propio en la puerta, a lo largo de uno de los canales.

El cielo de Empuriabrava

Empuriabrava también se descubre mirando hacia arriba. Aquí se encuentra uno de los centros de paracaidismo más importantes de Europa. Cada día despegan decenas de avionetas y, pocos minutos después, el cielo empieza a llenarse de paracaídas de colores descendiendo sobre la bahía de Roses.

No hace falta saltar para disfrutar del espectáculo. Una de nuestras costumbres favoritas es desayunar cerca del aeródromo mientras despegan los primeros vuelos del día. Es un plan sencillo y, sorprendentemente, casi nunca aparece en las guías.

Un paramotor sobrevuela la playa de Empuriabrava recortado contra un cielo de nubes rosadas al atardecer
Empuriabrava, uno de los grandes centros de vuelo de Europa, al caer la tarde.

La playa y la Rubina

La playa urbana de Empuriabrava es amplia, cómoda y perfecta para quienes buscan pasar el día junto al mar. Con más de un kilómetro de arena fina, conecta directamente con el paseo y con la marina. Pero nosotros solemos caminar un poco más.

Hacia el norte aparece la playa de la Rubina, probablemente el rincón más salvaje de Empuriabrava. No hay edificios frente al mar, sino dunas, vegetación y el paisaje abierto del Parc Natural dels Aiguamolls de l'Empordà. También es uno de los mejores lugares de la bahía para practicar kitesurf y windsurf cuando sopla la tramuntana. Al atardecer cambia por completo: el viento suele caer, la playa se vacía y el sol desaparece detrás del Cap de Creus.

Els Aiguamolls de l'Empordà

A pocos minutos desaparecen los canales y empieza otro mundo. El Parc Natural dels Aiguamolls de l'Empordà protege uno de los humedales más importantes del Mediterráneo occidental. Aquí viven o hacen escala más de 300 especies de aves, y los itinerarios permiten recorrer lagunas, observatorios y pasarelas de madera entre carrizales.

La mayoría atraviesa el parque deprisa. Nosotros recomendamos justo lo contrario: lleva unos prismáticos, siéntate en alguno de los observatorios y espera unos minutos en silencio. Siempre termina apareciendo alguna garza, una cigüeña, un martín pescador o, con un poco de suerte, un grupo de flamencos.

Bandada de cigüeñas blancas en los humedales del Parque Natural dels Aiguamolls de l'Empordà, con la sierra al fondo
Cigüeñas en els Aiguamolls de l'Empordà, refugio de más de 300 especies de aves.Foto: Gordito1869 (Michael Pfeiffer) / Wikimedia Commons (CC BY 3.0)

Lugares que casi nunca aparecen en las guías

Alquilar una barca a primera hora cambia completamente la experiencia. Los canales todavía están vacíos y Empuriabrava parece otra ciudad.

Existe un recorrido prácticamente llano que atraviesa els Aiguamolls hasta llegar a la gola del río Muga y la playa de la Rubina. Es una ruta muy utilizada por los vecinos para caminar o ir en bicicleta.

No hace falta ser un amante de la adrenalina. Sentarse junto al aeródromo mientras decenas de paracaidistas aterrizan sobre la marina es uno de esos pequeños espectáculos que hacen único a Empuriabrava.

Los canales más tranquilos apenas reciben visitantes. Perderse por los puentes interiores es entender cómo es realmente vivir en una ciudad diseñada para moverse por el agua.

El cuaderno de Empuriabrava

Dónde vamos nosotros

Aunque Empuriabrava tiene mucha oferta, nosotros preferimos movernos también hacia Roses, donde están algunas de las mejores mesas del Alt Empordà. Esta es la lista corta de dónde comer y qué no dejar para otro día.

Posiciones aproximadas · Empuriabrava · Cartografía © colaboradores de OpenStreetMap, teselas de OpenFreeMap

Toca un punto o un sitio de la lista para acercarte

Para comer

  • Cocina mediterránea contemporánea frente al mar, en Roses. Una de las mejores terrazas de la bahía.

  • Imprescindible para quien disfruta compartiendo platos y descubriendo una magnífica selección de vinos.

  • Restaurant M Bistro

    Brasas, producto y una cocina con personalidad propia que se ha convertido en una de las aperturas más interesantes de Roses.

    Sin punto fijo
  • Una experiencia gastronómica con estrella Michelin suspendida sobre el Mediterráneo. Tanto la cocina como las vistas justifican el viaje.

Calas y baño

  • Al final de las rutas del parque natural, junto a la gola del Muga. Dunas, vegetación y silencio, lejos del ambiente de la marina.

Qué hacer

  • Uno de los centros de referencia en Europa. Se reserva con antelación, sobre todo en verano.

  • No hace falta saltar: sentarse junto al aeródromo a ver aterrizar la marina es uno de los pequeños espectáculos de Empuriabrava.

  • Navegar los canales

    En barca propia, de alquiler o en tour guiado. La forma más honesta de entender el pueblo; mejor a primera hora.

    Sin punto fijo
  • Pedalear hasta la desembocadura del Muga

    Recorrido prácticamente llano a través de els Aiguamolls hasta la gola del río y la playa de la Rubina. La ruta de los vecinos.

    Sin punto fijo
  • Rutas señaladas entre humedales, con flamencos si vas en la época migratoria. Lleva prismáticos y siéntate en algún observatorio.

Lo práctico

Preguntas frecuentes

¿Por qué llaman a Empuriabrava la Venecia de la Costa Brava?

Porque alberga la marina residencial más grande de Europa, con más de 24 kilómetros de canales navegables y miles de viviendas con amarre privado.

¿Hace falta licencia para navegar?

No. Varias empresas alquilan pequeñas embarcaciones que pueden conducirse sin titulación, una de las formas más originales de descubrir Empuriabrava.

¿Dónde está la playa más bonita?

Si buscas servicios, la playa principal de Empuriabrava es la opción más cómoda. Si prefieres naturaleza, camina hasta la playa de la Rubina, un extenso arenal protegido dentro del Parc Natural dels Aiguamolls de l'Empordà.

¿Vale la pena Empuriabrava aunque no tengas barco?

Sí. Empuriabrava se disfruta paseando por los canales, recorriendo los humedales, observando aves, viendo despegar a los paracaidistas o simplemente descubriendo un lugar que no se parece a ningún otro de la Costa Brava.

Otros pueblos para descubrir

Una cala de Begur de agua turquesa, entre acantilados de roca rojiza y pinos, con una barca fondeada

Baix Empordà

Begur

Begur está un poco tierra adentro, y ese detalle explica casi todo. No es un pueblo construido junto al agua, sino sobre una colina desde la que se domina el Mediterráneo: mientras otros pueblos de la Costa Brava nacieron alrededor de un puerto, Begur lo hizo alrededor de un castillo, y las calas llegaron después. Por eso aquí nadie pregunta cuál es la playa del pueblo, sino a cuál se baja hoy: Sa Tuna, Sa Riera, Aiguablava, Platja Fonda, Fornells, Aiguafreda o Illa Roja forman un rosario de pequeñas bahías unidas por el Camí de Ronda, cada una con su propio carácter. Y detrás de todas ellas queda un casco histórico de casas indianas, plazas tranquilas y calles empedradas que recuerdan que, antes de convertirse en uno de los destinos más deseados de la Costa Brava, Begur fue un pueblo que miraba más hacia Cuba que hacia Barcelona.

El paseo marítimo de Cadaqués junto al agua, con las casas blancas y los tejados de teja del casco antiguo y la costa del Cap de Creus al fondo

Alt Empordà

Cadaqués

Cadaqués es el pueblo más fotografiado de la Costa Brava y, probablemente, el más difícil de conocer de verdad. Las casas blancas, las contraventanas verdes, las barcas varadas frente al mar y la luz que fascinó a Dalí aparecen en todas las postales, pero ninguna consigue explicar por qué tanta gente termina volviendo. Quizá tenga que ver con la carretera de curvas que durante siglos lo mantuvo aislado del resto del Empordà, o con esa luz que cambia a cada hora y convierte el pueblo en algo distinto por la mañana, al mediodía o cuando cae la tarde. Aquí no se viene buscando grandes playas de arena ni un paseo marítimo lleno de tiendas: se viene a caminar despacio, a perderse por calles de pizarra, a mirar el mar desde las rocas y a entender por qué este rincón acabó reuniendo a algunos de los artistas más importantes del siglo XX.

El pueblo blanco de Calella de Palafrugell y su cala bajo un cielo encapotado al atardecer, con el mar turquesa y las rocas en primer término

Baix Empordà

Calella de Palafrugell

Calella de Palafrugell es probablemente la imagen más reconocible de la Costa Brava. Las casas blancas, les Voltes de Port Bo, las barcas varadas sobre la arena y el Mediterráneo formando parte de la vida del pueblo aparecen en miles de fotografías cada verano. Y, sin embargo, esa postal solo cuenta una parte de la historia: la verdadera Calella aparece cuando uno se aleja unos metros del paseo principal, recorre el Camí de Ronda sin prisa o vuelve al caer la tarde, cuando las terrazas empiezan a vaciarse y el pueblo recupera el ritmo tranquilo que siempre tuvo. Porque antes de convertirse en uno de los grandes iconos del Mediterráneo, Calella fue —y sigue siendo— un pueblo de pescadores.