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Tamariu visto desde el camí de ronda, la playa y el pueblo enmarcados por un pino

Baix Empordà

Tamariu

Tamariu lleva el nombre del tamariu, el tamarisco que crecía en esta cala mucho antes de que existiera el pueblo. Hoy sigue siendo el más pequeño y tranquilo de los tres núcleos costeros de Palafrugell —Calella, Llafranc y Tamariu—, y precisamente ahí reside su encanto. Aquí no hay un gran paseo marítimo ni un puerto lleno de embarcaciones: las casas llegan hasta la arena, las barcas descansan sobre la playa y el mar forma parte de la vida cotidiana. La playa no es un lugar al que se va: es el salón del pueblo. Aunque en verano se llena de vida, Tamariu conserva algo que escasea en la Costa Brava: silencio. Basta caminar unos minutos por el Camí de Ronda para que desaparezcan las terrazas y solo queden acantilados, pinares y algunas de las aguas más transparentes del Mediterráneo.

La Platja Gran

La playa principal es el corazón del pueblo. Pequeña, de arena gruesa y aguas cristalinas, sorprende por una característica que apenas existe en otros pueblos de la Costa Brava: las fachadas de las casas desembocan directamente sobre la arena. No hay una carretera separando el pueblo del mar, de modo que toda la vida gira alrededor de la playa.

Incluso en agosto conserva un ambiente familiar que recuerda al Tamariu de hace décadas.

La Platja Gran de Tamariu, con las casas blancas dando directamente a la arena y el agua transparente de la cala
La Platja Gran de Tamariu, con las casas al pie de la arena.Foto: Santi Garcia / Wikimedia Commons (CC BY 3.0)

El Camí de Ronda

Si hay un lugar donde Tamariu muestra su verdadera personalidad es aquí. El sendero que parte desde el extremo sur del pueblo recorre uno de los tramos más espectaculares de toda la Costa Brava. Escaleras excavadas en la roca, pinares que llegan hasta el mar y pequeños miradores aparecen continuamente mientras el Mediterráneo acompaña el recorrido.

Desde aquí se puede caminar hacia Cala Pedrosa, el faro de Sant Sebastià y Llafranc, o recorrer la costa norte en dirección a Aigua Xelida.

La cala de Tamariu vista desde el camí de ronda, enmarcada por las ramas de un pino sobre el agua turquesa
Tamariu desde el camí de ronda, camino del faro de Sant Sebastià y de Llafranc.Foto: Chris j wood / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

El faro de Sant Sebastià

Aunque pertenece al término de Llafranc, el faro forma parte de cualquier visita a Tamariu. Situado sobre uno de los acantilados más altos del litoral, ofrece una de las panorámicas más amplias del Baix Empordà. La caminata hasta allí es tan interesante como el propio destino.

Las mejores calas

Es la cala más conocida de Tamariu y con razón. Las aguas de la Cala d'Aigua Xelida son increíblemente transparentes y el fondo marino la convierte en uno de los mejores lugares de la Costa Brava para practicar esnórquel. No dispone de servicios, por lo que conviene llevar agua y todo lo necesario antes de iniciar el camino.

Cala Marquesa es más escondida y tranquila que Aigua Xelida. Rodeada de roca y vegetación, es una de esas calas donde el mar cambia de color a medida que avanza la tarde: perfecta para quienes buscan alejarse de la playa principal.

Muchos visitantes nunca llegan hasta Cala Pedrosa. Se alcanza caminando por el Camí de Ronda entre bosque mediterráneo y acantilados. Su playa de cantos rodados, las antiguas barracas de pescadores y la ausencia casi total de servicios hacen que conserve un carácter completamente salvaje.

La Cala d'Aigua Xelida, junto a Tamariu, de aguas verdes y transparentes encajada entre pinos y roca
La Cala d'Aigua Xelida, transparente y muy querida por quienes hacen esnórquel.Foto: Jordiipa / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

Rincones que solo conocen los locales

Mientras la mayoría se queda en la playa principal, los vecinos suelen acercarse hasta Es Portió, conocido popularmente como Els Lliris: una pequeña cala rocosa presidida por una histórica barraca de pescadores que se ha convertido en uno de los símbolos de Tamariu. Un rincón perfecto para sentarse a ver el mar sin apenas gente.

Pocos visitantes saben que muy cerca de Tamariu se encuentra una de las mayores cuevas marinas de Cataluña, la Cova d'en Gispert. Solo puede descubrirse desde el mar, en kayak o en una excursión en barco: la luz que entra por la boca de la cueva y el eco del agua crean uno de los paisajes más sorprendentes de la Costa Brava.

Cuando sopla levante ocurre algo curioso en Sa Roncadora: el mar entra con fuerza por una grieta de la roca y produce un rugido que puede escucharse desde el Camí de Ronda. Es un fenómeno natural poco conocido incluso entre muchos visitantes habituales de la Costa Brava.

La mayoría de personas mira Tamariu desde la playa. Los locales saben que las mejores vistas están arriba: desde el Puig Gruí se contempla toda la bahía, el perfil del Cap de Begur y buena parte del litoral del Empordà. Al amanecer o al atardecer es uno de esos lugares donde merece la pena quedarse unos minutos sin hacer nada.

Si madrugas, baja a la playa antes de las ocho. Cuando todavía no han llegado los bañistas y apenas se oye más que el agua rompiendo contra las barcas varadas en la arena, aparece el Tamariu que conocen quienes pasan aquí todo el año. Es probablemente el momento más bonito del día.

El cuaderno de Tamariu

Dónde vamos nosotros

Tamariu nunca ha querido competir con los grandes destinos gastronómicos de la Costa Brava. Su encanto está precisamente en lo contrario: unas pocas mesas donde el pescado fresco, los arroces y la cocina mediterránea siguen siendo los protagonistas.

Posiciones aproximadas · Tamariu · Cartografía © colaboradores de OpenStreetMap, teselas de OpenFreeMap

Toca un punto o un sitio de la lista para acercarte

Para comer

  • El restaurante más emblemático del pueblo. Situado prácticamente sobre la arena, lleva décadas siendo una referencia para disfrutar de arroces, pescado fresco y cocina marinera con vistas a la bahía.

  • Un clásico familiar de Tamariu donde la cocina mediterránea y el producto local siguen marcando la carta. Perfecto para una comida tranquila después de recorrer el Camí de Ronda.

  • La incorporación más reciente al paseo marítimo, que recupera el espíritu de una histórica taberna del pueblo. Cocina mediterránea actual, tapas y producto de proximidad en un ambiente relajado.

Calas y baño

  • Agua transparente, muy buena para el esnórquel. Sin servicios: lleva lo que necesites.

  • La más recogida de las dos. El atardecer aquí es de los mejores de la zona.

  • Cantos rodados, antiguas barracas de pescadores y casi ningún servicio. Se llega por el Camí de Ronda, entre Tamariu y Llafranc.

  • Pequeña cala rocosa presidida por una histórica barraca de pescadores. Uno de los símbolos de Tamariu, y de los rincones más tranquilos.

Qué hacer

  • El Camí de Ronda al faro de Sant Sebastià

    3 km hasta Llafranc, con el faro a mitad de camino. El paseo obligado de la mañana.

    Sin punto fijo
  • Puig Gruí

    Las mejores vistas de la bahía están arriba: toda Tamariu, el Cap de Begur y el litoral del Empordà. Sube al amanecer o al atardecer.

    Sin punto fijo
  • Una de las mayores cuevas marinas de Cataluña, solo accesible en kayak o excursión en barco. La luz que entra por la boca de la cueva es el espectáculo.

  • Cuando sopla levante, el mar entra con fuerza por una grieta de la roca y ruge. Se escucha desde el Camí de Ronda.

Lo práctico

Preguntas frecuentes

¿Qué significa Tamariu?

«Tamariu» es el nombre catalán del tamarisco (Tamarix), un arbusto típico del litoral mediterráneo que antiguamente crecía junto a la riera y dio nombre a esta pequeña cala.

¿Cuánto se tarda de Tamariu a Llafranc por el Camí de Ronda?

El recorrido es de unos 3 kilómetros y suele completarse en aproximadamente una hora. Hay escaleras, desnivel y tramos de roca, por lo que conviene llevar calzado cómodo.

¿Dónde se aparca en Tamariu?

El pueblo dispone de pocas plazas de aparcamiento y durante julio y agosto suelen llenarse antes de media mañana. Lo mejor es llegar temprano o visitar Tamariu a última hora de la tarde, cuando recupera su ambiente más tranquilo.

¿Qué calas hay cerca de Tamariu?

Las imprescindibles son la Platja Gran, Aigua Xelida, Cala Marquesa y Cala Pedrosa. Todas conservan un entorno muy natural y permiten descubrir una de las franjas de costa mejor preservadas de la Costa Brava.

¿Qué no me puedo perder en Tamariu?

Recorrer el Camí de Ronda, bañarte en Aigua Xelida, descubrir Cala Pedrosa, contemplar la bahía desde el Puig Gruí, acercarte al mirador de la Cova d'en Gispert y terminar el día cenando frente al mar.

Otros pueblos para descubrir

Una cala de Begur de agua turquesa, entre acantilados de roca rojiza y pinos, con una barca fondeada

Baix Empordà

Begur

Begur está un poco tierra adentro, y ese detalle explica casi todo. No es un pueblo construido junto al agua, sino sobre una colina desde la que se domina el Mediterráneo: mientras otros pueblos de la Costa Brava nacieron alrededor de un puerto, Begur lo hizo alrededor de un castillo, y las calas llegaron después. Por eso aquí nadie pregunta cuál es la playa del pueblo, sino a cuál se baja hoy: Sa Tuna, Sa Riera, Aiguablava, Platja Fonda, Fornells, Aiguafreda o Illa Roja forman un rosario de pequeñas bahías unidas por el Camí de Ronda, cada una con su propio carácter. Y detrás de todas ellas queda un casco histórico de casas indianas, plazas tranquilas y calles empedradas que recuerdan que, antes de convertirse en uno de los destinos más deseados de la Costa Brava, Begur fue un pueblo que miraba más hacia Cuba que hacia Barcelona.

El paseo marítimo de Cadaqués junto al agua, con las casas blancas y los tejados de teja del casco antiguo y la costa del Cap de Creus al fondo

Alt Empordà

Cadaqués

Cadaqués es el pueblo más fotografiado de la Costa Brava y, probablemente, el más difícil de conocer de verdad. Las casas blancas, las contraventanas verdes, las barcas varadas frente al mar y la luz que fascinó a Dalí aparecen en todas las postales, pero ninguna consigue explicar por qué tanta gente termina volviendo. Quizá tenga que ver con la carretera de curvas que durante siglos lo mantuvo aislado del resto del Empordà, o con esa luz que cambia a cada hora y convierte el pueblo en algo distinto por la mañana, al mediodía o cuando cae la tarde. Aquí no se viene buscando grandes playas de arena ni un paseo marítimo lleno de tiendas: se viene a caminar despacio, a perderse por calles de pizarra, a mirar el mar desde las rocas y a entender por qué este rincón acabó reuniendo a algunos de los artistas más importantes del siglo XX.

El pueblo blanco de Calella de Palafrugell y su cala bajo un cielo encapotado al atardecer, con el mar turquesa y las rocas en primer término

Baix Empordà

Calella de Palafrugell

Calella de Palafrugell es probablemente la imagen más reconocible de la Costa Brava. Las casas blancas, les Voltes de Port Bo, las barcas varadas sobre la arena y el Mediterráneo formando parte de la vida del pueblo aparecen en miles de fotografías cada verano. Y, sin embargo, esa postal solo cuenta una parte de la historia: la verdadera Calella aparece cuando uno se aleja unos metros del paseo principal, recorre el Camí de Ronda sin prisa o vuelve al caer la tarde, cuando las terrazas empiezan a vaciarse y el pueblo recupera el ritmo tranquilo que siempre tuvo. Porque antes de convertirse en uno de los grandes iconos del Mediterráneo, Calella fue —y sigue siendo— un pueblo de pescadores.