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La playa de Platja d’Aro al atardecer, con las olas rompiendo, gaviotas en vuelo y los edificios del paseo al fondo

Baix Empordà

Platja d’Aro

Platja d’Aro es la cara práctica de esta costa: la playa más larga y más fácil, las calles comerciales más animadas, la oferta más amplia para ir con niños. Forma parte del municipio de Castell-Platja d’Aro, junto con S’Agaró y el propio Castell d’Aro, y esa unión resume bien el lugar: un frente de playa moderno y una vida de pueblo que, tierra adentro, todavía huele a piedra medieval. No es el rincón más silencioso de la Costa Brava, pero tiene los suyos —una serie de calas hacia el sur que se van haciendo más pequeñas y más secretas cuanto más se camina.

La Platja Gran y el centro

La playa principal de Platja d’Aro es larga, de arena fina y con todos los servicios, lo que la convierte en la más cómoda de la zona para pasar el día sin planificar nada. Detrás de ella, el centro es una fusión de tiendas, boutiques y restaurantes que no para en todo el año. Cada viernes por la mañana, el mercadillo municipal —en el aparcamiento de la Masia Bas— llena decenas de paradas de fruta, ropa y artesanía, y es de los pocos sitios donde el pueblo se siente tan de barrio como de destino turístico.

La Platja Gran de Platja d’Aro al atardecer, con el perfil de edificios del paseo al fondo
La Platja Gran y el perfil urbano de Platja d’Aro.

Con niños: parques y aventura

Pocos pueblos de la Costa Brava están tan preparados para ir en familia. El Parc dels Estanys, con sus estanques y sendas junto a la costa, es el respiro tranquilo entre playa y playa. El Parc Aventura ofrece circuitos de cuerdas y tirolinas entre los árboles, y PP’s Park suma atracciones más clásicas —carruseles, minimontañas rusas— para los más pequeños. Y para quien prefiera un ritmo distinto, el Club Golf d’Aro – Mas Nou tiene 18 hoyos en las colinas sobre el mar, con vistas que justifican el recorrido aunque no se lleve bien la tarjeta.

Las calas del sur

Al sur de la playa principal, el litoral se rompe en calas más pequeñas: Cala Rovira, Cala del Pi y Cap Roig, arenales cortos entre roca y pino muy distintos del ambiente del centro. Siguiendo la costa, ya en el límite con S’Agaró, empieza el camí de ronda hacia la Platja de Sa Conca —ese tramo ya pertenece a la ruta que describimos en la ficha de S’Agaró.

Cala Rovira, una playa de arena dorada entre roca clara y pinos, con bañistas y un velero fondeado
Cala Rovira, la primera de las calas del sur.Foto: Patronat de Turisme Costa Brava Pirineu de Girona / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

Cala del Paller, el secreto mejor guardado

Ya cerca del término de Sant Antoni de Calonge, el camí de ronda esconde la Cala del Paller: una cala pequeña y rocosa, de las que apenas aparecen en las guías, con el agua limpia y transparente típica de este tramo de costa.

No tiene los servicios de la Platja Gran ni el nombre de Cala Rovira, y esa es precisamente su gracia: se llega caminando, no en coche, y eso basta para dejar fuera a la mayoría.

La Cala del Paller, una pequeña cala rocosa de aguas turquesas entre acantilados
La Cala del Paller, uno de los rincones menos conocidos del litoral.Foto: Joandrés / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Castell d’Aro: el pasado, a un paso

Tierra adentro, a pocos minutos del paseo marítimo, Castell d’Aro es el núcleo histórico del municipio: un castillo medieval y calles de piedra que ofrecen el contraste exacto con el ritmo de la playa. En un mismo día se puede pasar de la arena al Empordà medieval sin coger el coche más de diez minutos.

Para quien prefiera hotel a villa, la oferta de la zona es amplia, del Hotel Aromar y el Hotel Spa La Terrassa junto al mar hasta el más recogido Hotel Cala del Pi.

El cuaderno de Platja d’Aro

Dónde vamos nosotros

Platja d’Aro se come de todo, y bien, si sabes dónde mirar más allá del paseo. Esta es la lista corta: dónde comer sin postureo, a qué cala escaparse y qué hacer si vas con niños.

Posiciones aproximadas · Platja d’Aro · Cartografía © colaboradores de OpenStreetMap, teselas de OpenFreeMap

Toca un punto o un sitio de la lista para acercarte

Para comer

  • El arròs negre y la fideuà de referencia en Platja d’Aro.

  • Pescado y marisco de calidad, cocina de toda la vida.

  • Pollo de payés y producto de proximidad. Sencillo y muy bien hecho.

  • Arroces y lonja, cocina mediterránea sin complicaciones.

Para beber

  • Café de especialidad y healthy bowls, con un aire biker. Buen sitio para desayunar.

Calas y baño

  • La más escondida y la que más recompensa el desvío. Se llega caminando, no en coche.

  • Calas cortas de roca y pino, mucho más tranquilas que la playa principal.

Qué hacer

  • Parc Aventura Platja d’Aro

    Circuitos de cuerdas y tirolinas entre los árboles. El plan seguro con niños.

    Sin punto fijo
  • 18 hoyos sobre el mar, con vistas que valen el recorrido.

  • El mercadillo de los viernes

    Cada viernes por la mañana, en el aparcamiento de la Masia Bas.

    Sin punto fijo

Lo práctico

Preguntas frecuentes

¿Es Platja d’Aro un buen destino para ir con niños?

Es probablemente el más preparado de la Costa Brava para ir en familia. A la playa principal, larga y de arena, se suman el Parc dels Estanys para pasear entre lagunas, el Parc Aventura para trepar entre árboles y PP’s Park. Eso, junto a una oferta amplia de hoteles, apartamentos y campings, lo convierte en una base cómoda para explorar la zona con niños.

¿Qué calas hay en Platja d’Aro además de la playa principal?

El litoral se rompe en calas pequeñas al sur de la playa grande: la Cala del Paller es la más escondida y la que más recompensa el pequeño desvío, y más cerca del centro están Cala Rovira, Cala del Pi y Cap Roig. Son arenales cortos entre rocas y pinos, muy distintos del ambiente del centro.

¿Qué es Castell d’Aro y merece la pena visitarlo?

Castell d’Aro es el núcleo histórico del municipio, tierra adentro y a pocos minutos de la playa. Su castillo y sus calles de piedra ofrecen el contraste exacto con el ritmo del paseo marítimo: en un mismo día se puede pasar de la arena al Empordà medieval. Si el bullicio del centro te agota, esta es la escapada corta.

¿Cuándo es el mercadillo de Platja d’Aro?

Cada viernes por la mañana, en el aparcamiento municipal de la Masia Bas: fruta y verdura, ropa, artesanía y complementos en varias decenas de paradas.

Otros pueblos para descubrir

Una cala de Begur de agua turquesa, entre acantilados de roca rojiza y pinos, con una barca fondeada

Baix Empordà

Begur

Begur está un poco tierra adentro, y ese detalle explica casi todo. No es un pueblo construido junto al agua, sino sobre una colina desde la que se domina el Mediterráneo: mientras otros pueblos de la Costa Brava nacieron alrededor de un puerto, Begur lo hizo alrededor de un castillo, y las calas llegaron después. Por eso aquí nadie pregunta cuál es la playa del pueblo, sino a cuál se baja hoy: Sa Tuna, Sa Riera, Aiguablava, Platja Fonda, Fornells, Aiguafreda o Illa Roja forman un rosario de pequeñas bahías unidas por el Camí de Ronda, cada una con su propio carácter. Y detrás de todas ellas queda un casco histórico de casas indianas, plazas tranquilas y calles empedradas que recuerdan que, antes de convertirse en uno de los destinos más deseados de la Costa Brava, Begur fue un pueblo que miraba más hacia Cuba que hacia Barcelona.

El paseo marítimo de Cadaqués junto al agua, con las casas blancas y los tejados de teja del casco antiguo y la costa del Cap de Creus al fondo

Alt Empordà

Cadaqués

Cadaqués es el pueblo más fotografiado de la Costa Brava y, probablemente, el más difícil de conocer de verdad. Las casas blancas, las contraventanas verdes, las barcas varadas frente al mar y la luz que fascinó a Dalí aparecen en todas las postales, pero ninguna consigue explicar por qué tanta gente termina volviendo. Quizá tenga que ver con la carretera de curvas que durante siglos lo mantuvo aislado del resto del Empordà, o con esa luz que cambia a cada hora y convierte el pueblo en algo distinto por la mañana, al mediodía o cuando cae la tarde. Aquí no se viene buscando grandes playas de arena ni un paseo marítimo lleno de tiendas: se viene a caminar despacio, a perderse por calles de pizarra, a mirar el mar desde las rocas y a entender por qué este rincón acabó reuniendo a algunos de los artistas más importantes del siglo XX.

El pueblo blanco de Calella de Palafrugell y su cala bajo un cielo encapotado al atardecer, con el mar turquesa y las rocas en primer término

Baix Empordà

Calella de Palafrugell

Calella de Palafrugell es probablemente la imagen más reconocible de la Costa Brava. Las casas blancas, les Voltes de Port Bo, las barcas varadas sobre la arena y el Mediterráneo formando parte de la vida del pueblo aparecen en miles de fotografías cada verano. Y, sin embargo, esa postal solo cuenta una parte de la historia: la verdadera Calella aparece cuando uno se aleja unos metros del paseo principal, recorre el Camí de Ronda sin prisa o vuelve al caer la tarde, cuando las terrazas empiezan a vaciarse y el pueblo recupera el ritmo tranquilo que siempre tuvo. Porque antes de convertirse en uno de los grandes iconos del Mediterráneo, Calella fue —y sigue siendo— un pueblo de pescadores.