PuraCostaBrava
Una calle empedrada y desierta del recinto gótico de Pals, de casas de piedra dorada, con un gato tumbado al sol

Baix Empordà

Pals

Hay pueblos que se construyeron para ser vistos y pueblos que se construyeron para ver. Pals es de los segundos. Se levantó en lo alto de una colina, de espaldas a nada y de cara a todo: la llanura de arroz, el mar allá al fondo, las islas Medes flotando en la línea del horizonte. Desde su torre se vigilaba la costa entera. Hoy no se vigila nada, pero la costumbre de mirar se ha quedado en la piedra, y quien sube hasta arriba acaba haciendo lo mismo que hacían los centinelas: quedarse quieto, mirar lejos, no tener prisa.

El Pedró: un pueblo del color de la miel

El casco antiguo de Pals se llama El Pedró, y es uno de los conjuntos góticos mejor conservados de Cataluña: un puñado de calles empedradas que suben en cuesta entre casas de piedra dorada, arcos, ventanas ojivales y patios donde cae la buganvilla. No es grande. Se recorre entero en una mañana lenta, sin plano, dejándose perder, que aquí es la única manera sensata de andar. Todo lo que ves de piedra vieja estuvo a punto de no existir: el recinto quedó malherido tras la Guerra Civil, y fue la terquedad de unos pocos vecinos la que lo levantó de nuevo, casa por casa, a lo largo del siglo pasado.

En lo más alto está la Torre de les Hores, redonda, de quince metros, lo único que queda en pie del castillo medieval. A sus pies, el mirador Josep Pla abre la llanura de golpe: los arrozales en cuadrícula, el campanario de la iglesia de Sant Pere, el mar cerrando el cuadro. Sube al atardecer, cuando la piedra se enciende y el color de la miel se vuelve del todo cierto. No hace falta hacer nada más. Ya lo estás haciendo.

Una calle empedrada del recinto gótico de Pals, con casas de piedra dorada, arcos y una farola de forja
El Pedró, todo piedra del color de la miel.

El arroz, el otro patrimonio

Antes que un pueblo bonito, Pals fue un pueblo de arroz. Desde el siglo XV, la llanura encharcada entre el pueblo y el mar se sembró de arrozales, y aquello fue durante siglos el motor de todo: la riqueza, el trabajo, la forma del paisaje. El arròs de Pals sigue siendo hoy un producto con nombre propio, de grano corto y fama de bueno, y los arrozales siguen ahí, verdes en verano y espejo del cielo cuando se inundan, cambiando de color según la hora como si respiraran.

Es un patrimonio menos vistoso que la piedra, pero igual de suyo. Se come en las mesas del pueblo en forma de arroces que cambian con la temporada, y se compra, si uno quiere llevárselo, en el viejo molino. Pla, que era de aquí al lado, escribió que el paisaje del Empordà no se entiende sin el trabajo que lo hizo. En Pals se ve claro: la belleza y el arroz son la misma cosa vista desde dos sitios.

Un arrozal en la llanura de Pals, con las espigas doradas y las montañas del Montgrí al fondo
Los arrossars de Pals, verdes en verano y espejo del cielo cuando se inundan.Foto: Miquel Pujol / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

La playa, las dunas y una guerra que no se veía

A unos cinco kilómetros del casco, donde la llanura se rinde al mar, está la Platja de Pals: una playa larga de arena fina y dunas, abierta y ventosa, con las Medes y el Montgrí de telón. No tiene nada del recogimiento de las calas del sur de la costa; aquí el plan es el horizonte ancho, el paseo largo, el baño sin roca.

Y tiene un secreto de guerra fría. Durante décadas, entre las dunas se alzaron las seis antenas gigantes de Radio Liberty, una emisora financiada por la CIA que desde 1959 emitía hacia la Unión Soviética y el bloque del Este. Se eligió esta playa por sus dunas y su vegetación baja, que no estorbaban las ondas. Emitió hasta el 25 de mayo de 2001, y en 2006 se desmontaron las antenas. Hoy no queda casi nada, y cuesta imaginar, tumbado en la arena, que desde aquí se le hablaba en secreto a media Europa. Pregúntale a cualquiera del pueblo: todos se acuerdan de las torres.

Alrededor: el triángulo medieval

Pals no se visita solo, y no debería. Está en el vértice de un triángulo de pueblos medievales del interior del Baix Empordà que son, quizá, lo más bonito y menos ruidoso de toda la Costa Brava: a un paso quedan Peratallada, todo piedra tallada y foso en la roca; Ullastret, con su poblado íbero sobre la colina; Palau-sator, Vulpellac, Fonteta. Se pueden encadenar en un mismo día, sin apenas coche entre uno y otro, comiendo en el que caiga a mediodía.

Es un interior de campos, cipreses y masías, con el mar siempre cerca pero nunca a la vista, y una luz que los pintores llevan un siglo intentando robar. No hay que hacer mucho. Ir de pueblo en pueblo, parar donde apetezca, dejar que la tarde se alargue. La Costa Brava del silencio está aquí dentro, tierra adentro, lejos del ruido de la orilla.

La Torre de les Hores de Pals, torre circular de piedra medieval, vista desde una calle del recinto gótico
Pals, el vértice del triángulo, con su propia torre medieval.

El cuaderno de Pals

Dónde vamos nosotros

Pals se come de dos maneras: mirando los arrozales o mirando el mar, y en ambos casos con arroz de por medio, que para eso es la tierra que es. Esta es la lista corta: dónde mandamos a quien se queda, qué merece la subida a la piedra, y de dónde llevarse el arroz a casa. Lo bueno aquí lleva años en el mismo sitio.

Posiciones aproximadas · Pals · Cartografía © colaboradores de OpenStreetMap, teselas de OpenFreeMap

Toca un punto o un sitio de la lista para acercarte

Para comer

  • En pleno recinto gótico, uno de los más recomendados del pueblo. Cocina de mercado con la piedra vieja alrededor; la mesa para quedarse después de pasear El Pedró.

  • Un clásico mayúsculo de la Costa Brava, camino de la playa. Producto de primera y servicio impecable; la comida de celebrar. Reserva con tiempo.

  • Carta y menú cerrado en los que siempre asoma el arroz. Cocina del Empordà bien entendida, sin aspavientos, en el casco antiguo.

  • Una masía entre arrozales, con la terraza mirando al campo. Arroces que cambian con la temporada; el sitio para entender de dónde viene todo. Ideal al atardecer.

  • Comida casera catalana a precio de andar por casa. Lo que se pide cuando se quiere sencillo, abundante y sin ceremonia.

  • Es Portal

    Hotel-restaurante en Gualta, a un paso de Pals, con cocina de temporada del Empordà. La opción de comer bien y quedarse a dormir.

    Sin punto fijo

Para beber

  • Bodega de vino ecológico al pie del macizo de Begur, entre viñas y montaña. La parada de Marta para catar y llevarse vino del Empordà.

Calas y baño

  • Playa larga de arena y dunas, con las Medes de fondo. La contraria de las calas del sur: aquí el plan es el horizonte ancho y el paseo largo.

Qué hacer

  • El punto más alto del pueblo: la torre redonda del castillo y, a sus pies, el mirador que abre la llanura de arroz hasta el mar. Sube al atardecer.

  • El triángulo medieval: Peratallada y Ullastret

    A un paso quedan Peratallada, de piedra tallada, y el poblado íbero de Ullastret sobre su colina. Encadénalos con Pals en un mismo día sin prisa.

    Sin punto fijo

Para llevarse

  • El paisaje que le dio nombre y fortuna al pueblo. Se puede pasear entre los campos y llevarse el arroz de Pals a casa; pregunta en el pueblo por el molino.

Lo práctico

Preguntas frecuentes

¿Qué es la Torre de les Hores de Pals?

Es la torre del homenaje del antiguo castillo medieval de Pals, y lo único que queda en pie de él. Es de planta circular, unos 7 metros de diámetro y 15 de altura, y su núcleo se levantó en el siglo XII. Corona El Pedró, el recinto gótico, en el punto más alto del pueblo, junto al mirador Josep Pla, desde donde se abren los arrozales y el mar. El conjunto quedó dañado tras la Guerra Civil y se restauró a lo largo del siglo XX.

¿Qué es el arroz de Pals?

El arròs de Pals es un arroz de grano corto cultivado en la llanura entre el pueblo y el mar, donde hay arrozales desde el siglo XV. Durante siglos fue el motor económico de la zona y hoy sigue siendo un producto con nombre propio y buena fama. Los arrozales forman parte del paisaje —verdes en verano, espejo del cielo cuando se inundan— y el arroz se come en los restaurantes del pueblo y se puede comprar en el molino local.

¿Dónde está la playa de Pals y cómo es?

La Platja de Pals queda a unos 5 km del casco antiguo, donde la llanura llega al mar. Es una playa larga de arena fina y dunas, abierta y ventosa, con vistas a las islas Medes y al macizo del Montgrí. Es muy distinta de las calas recogidas del sur de la costa: aquí el plan es el horizonte ancho, el paseo largo y el baño sin roca.

¿Qué fue Radio Liberty en la playa de Pals?

Radio Liberty fue una emisora financiada por la CIA que, desde las dunas de la Platja de Pals, emitía propaganda hacia la Unión Soviética y los países del bloque del Este. Empezó a funcionar en 1959; se eligió esta playa porque sus dunas y su vegetación baja no estorbaban las ondas. Sus seis grandes antenas emitieron hasta el 25 de mayo de 2001 y se desmontaron en 2006. Hoy apenas queda rastro, pero los vecinos aún recuerdan las torres.

¿Cuánto se tarda en llegar a Pals desde Barcelona o Girona?

Desde Barcelona, Pals está a unos 130 km, alrededor de 1 h 40 min por la AP-7 y la C-31. Desde Girona son unos 40 km, unos 40 minutos en coche. No hay estación de tren en Pals; lo práctico es llegar en coche, que además es la manera de encadenar los pueblos medievales del interior.

¿Cuánto tiempo se necesita para ver Pals y qué visitar cerca?

El recinto gótico de El Pedró se recorre en una mañana tranquila. Merece la pena combinar Pals con los pueblos medievales vecinos del Baix Empordà —Peratallada, Ullastret con su poblado íbero, Palau-sator, Vulpellac— que quedan a pocos minutos y se encadenan en un mismo día. Si se añade la playa, Pals da para una jornada entera o más.

Otros pueblos para descubrir

Una cala de Begur de agua turquesa, entre acantilados de roca rojiza y pinos, con una barca fondeada

Baix Empordà

Begur

Begur está un poco tierra adentro, y ese detalle explica casi todo. No es un pueblo construido junto al agua, sino sobre una colina desde la que se domina el Mediterráneo: mientras otros pueblos de la Costa Brava nacieron alrededor de un puerto, Begur lo hizo alrededor de un castillo, y las calas llegaron después. Por eso aquí nadie pregunta cuál es la playa del pueblo, sino a cuál se baja hoy: Sa Tuna, Sa Riera, Aiguablava, Platja Fonda, Fornells, Aiguafreda o Illa Roja forman un rosario de pequeñas bahías unidas por el Camí de Ronda, cada una con su propio carácter. Y detrás de todas ellas queda un casco histórico de casas indianas, plazas tranquilas y calles empedradas que recuerdan que, antes de convertirse en uno de los destinos más deseados de la Costa Brava, Begur fue un pueblo que miraba más hacia Cuba que hacia Barcelona.

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Baix Empordà

Calella de Palafrugell

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